lunes, 11 de septiembre de 2017

Visitas de las boticas en el siglo XVIII: Petitorio farmacéutico

En la botica del siglo XVIII surgen algunos cambios, aparece la yatroquímica (ácido bórico, mentol, etc.), los albarelos, hechos de cerámica y muy decorados, aumentan su popularidad al usarse para conservar los medicamentos, se produce la aparición de nuevos fármacos como el aceite de hígado de bacalao, o como los traídos de América: casia, sen y poligala, y se vuelven a utilizar otros antiguos como el aceite de ricino. 

En España surgen más academias científicas, como la Nacional de Medicina o la de Ciencias de Barcelona, y también nace el Colegio de Farmacéuticos de Madrid que publica farmacopeas, imparte formación y crea un laboratorio de química.
Los científicos españoles contribuyen a la introducción como diurético de la hoja de gayuba (José Quer), al estudio de la begonia y el agave (Francisco Javier Balmis), y al mejor conocimiento de la quina.
Por supuesto, muchos farmacéuticos aportaron sus conocimientos a las ciencias españolas: Jaime Salvador y Pedrol fue el botánico más famoso del país, Gil-Francisco Boulduc descubre el sulfato sódico, Félix Palacios introduce la yatroquímica, Casimiro Gómez Ortega promueve la botánica y descubre diversos géneros y especies.


Aunque uno de los momentos más importantes para la farmacia en este siglo XVIII ocurre durante el reinado de Carlos III, cuando se publica la Real Cédula del 13 de abril de 1780 que divide el Protomedicato en tres Audiencias: Facultad de Medicina, Facultad de Cirugía y Facultad de Farmacia. Es ahora, cuando nuestra profesión logra una independencia que ansiaba desde hacía tiempo, ya que al tener claramente separadas las competencias se tiene más control sobre la profesión. 

Se publica entonces el ‘Petitorio farmacéutico dispuesto por el Tribunal del Protomedicato para la práctica de las visitas de las boticas en las ciudades, villas y lugares de estos reynos’ en 1791 donde se realiza una lista de los simples y los compuestos que debía haber teóricamente en una botica. Esta lista debería ser conocida y usada por los que realizaban las visitas, por los propios boticarios, los médicos y cirujanos, además de por sus proveedores:


                                    (Real Academia de Farmacia)

Los Medicamentos simples y compuestos que ha de reconocer expresamente el Visitador como precisos en todas las Boticas, van señalados y precedidos de una estrella *. Los que igualmente debe tener qualquiera Boticario que no lo sea en Pueblo corto, por ser los que están generalmente recibidos con buenos efectos en la práctica, y de ellos podrá examinar el Visitador los que estimare convenientes, van de letra común, sin señal alguna. Los demás, como menos precisos, van de letra cursiva ó bastardilla, y no estarán obligados á teneros los Boticarios, especialmente los de los Pueblos cortos, donde solo haya, quando mas, un Médico y un Cirujano, á no ser que conste por sus Recetarios que acostumbren prescribirlos; pues en este caso podrá pedir de ellos el Visitador los que tenga por conveniente, como asimismo quantos se hallen voluntariamente repuestos y elaborados para el despacho, aunque no estén comprehendidos en el Petitorio, ni en los Recetarios: a cuyo efecto , y para conservar á los Facultativos el justo derecho que por sus Títulos tienen de recetar libremente lo que cada uno juzgue conducente á la curación de sus enfermos, acuerda y manda el Tribunal, que al tiempo de establecer qualquier Médico ó Cirujano su residencia en dichos Pueblos de corto vecindario, prevenga por escrito firmado de su puño, al Boticario, le reponga los remedios que especifique y sean de su especial uso, y no estén incluidos en este Petitorio; pues por dicho escrito presentado por el Boticario al Visitador en el acto de la Visita es por donde se ha de gobernar despues de reconocidos los Medicamentos indispensables en todas las Boticas, que como se ha dicho van señalados con estrella.

El Petitorio farmacéutico se va a dividir en 8 actos:

-Acto I: el boticario debe de hacer un juramento a Dios y a una cruz de que la botica es suya.

-Acto II: reconocimiento del título de aprobación del Real Protomedicato.

-Acto II: revisión del laboratorio farmacéutico de sus instrumentos y utensilios.

-Acto IV: reconocimiento de los instrumentos para el despacho, en este caso son diversos pesos, pesas, medidas, embudos, morteros, espátulas que tiene que tener el boticario en su botica. 


                      (Real Academia de Farmacia)

-Acto V: los libros que debe poseer el boticario:

+Farmacopea Matritense antigua o nueva.

+Dioscórides ilustrado por Laguna.

+Farmacopea Bateana extemporánea de Loeches.

+Petitorio de esta edición.

+Tarifa de la última edición.

+Palestra Farmacéutica de Palacios.


Palestra Farmacéutica de Palacios y Farmacopea Matritense (foto cedida por la Farmacia Salud, Valladolid) 

-Acto VI: Exhibición de las Recetas Magistrales, Específicos, Secretos y Arcanos.

-Acto VII: Reconocimientos de las faltas de la visita anterior o nota de no haber tenido ninguna.
-Acto VIII: Reconocimiento de los simples y compuestos. Simples y drogas medicinales del reino animal , mineral y vegetal:

+Reyno Mineral

.Tierras

.Piedras fósiles

.Sustancias lapídeas animales

.Sustancias bituminosas

.Sales ácidas, alcalinas y neutras

.Sales esenciales

.Vitriolos o sales metálicas

.Minas metálicas

.Metales

.Cales metálicas

.Semimetales

.Incrustaciones semimetálicas


+Reyno Vegetal:

.Yerbas ó plantas

.Vegetales parasíticos y Agallas que se crían en los árboles

.Raíces

.Raíces diuréticas mayores

.Raíces diuréticas menores

.Cortezas

.Leños

.Flores

.Frutos

.Simientes

.Gomas

.Gomo-Resinas

.Resinas y Bálsamos

.Zumos concretos ó inspisados


+Reyno Animal:

.Animales

.Partes y producciones Animales

.Preparaciones por levigación

.Harinas

.Preparaciones por calcinación

.Zumos defecados

.Vinos y vinagres medicinales

.Aceytes por expresión

.Aceytes por decocción

.Ungüentos y Bálsamos oleosos artificiales

.Emplastos

.Xarabes

.Polvos alternantes

.Trociscos

.Píldoras

.Aguas destiladas simples

.Extractos

.Tinturas

.Bálsamos espirituosos artificiales

.Elixires

.Espíritus ardientes

.Aguas espirituosas

.Aguas destiladas compuestas

.Espíritus ácidos y los dulcificados

.Espíritus alkalinos

.Aceytes empireumáticos

.Aceytes destilados esenciales

.Sales Alkalinas

.Sales Neutras

.Magisterios

.Sales más compuetsas

.Sales metálicas

.Preparaciones antimoniales

.Preparaciones mercuriales


(FUENTES: Páginas de historia de la Farmacia (José Luis Gómez Caamaño). Sociedad Nestlé. 1982; Petitorio farmacéutico dispuesto por el Tribunal del Protomedicato para la práctica de las visitas de las boticas en las ciudades, villas y lugares de estos reynos’.1791)

martes, 20 de septiembre de 2016

Plantas medicinales conventuales del libro 'El nombre de la rosa'

Retomo las entradas en el blog, hablando de uno de mis libros preferidos El nombre de la rosa, cuyo autor Umberto Eco ha fallecido a principios de este año.
Recupero los fragmentos del libro donde aparecen algunas de las plantas medicinales usadas en esta abadía del siglo XIV, y que ilustra magníficamente la medicina y botica de la época medieval.

En los monasterios del siglo XIV se encontraba la ciencia más avanzada, con las traducciones e ilustraciones de los libros de los clásicos como Aristóteles, Hipócrates, Dioscórides, Galeno y otros muchos realizadas en el scriptorium, conformando así, las excelentes bibliotecas sobre plantas medicinales y textos médicos (además de otras muchas materias) de los monasterios.

Además, en los monasterios se preparaba una zona del huerto* donde se cultivaban las plantas medicinales más habituales y poseían una habitación donde se secaban y guardaban esta plantas, llamada pocionario. Esta habitación solía estar llena de  alambiques, morteros, balanzas, instrumentos de vidrio y loza, frascos, jarros y vasijas con diferentes preparaciones, pócimas y compuestos que previamente el monje herbolario (boticario) había elaborado a partir de la extracción de los simples (plantas medicinales).
Luego, los monjes herbolarios redactan los ‘hortulis’, ‘horti’ y ‘hortus sanitatis’ para enseñar a otros monjes la elección, el cultivo y la recolección de plantas medicinales.

(Foto: Daniela Schabenstiel)

En El nombre de la rosa, el monje herbolario es Severino da Sant’Ernmerano, que además, estaba a cargo del huerto, de los baños y del hospital de la abadía donde se centra la aventura del monje franciscano Fray Guillermo de Baskerville y de su discípulo, el novicio Adso de Melk.




* “(…) Después del portalón (que era el único paso en toda la muralla) se abría una avenida arbolada que llevaba a la iglesia abacial. A la izquierda de la avenida se extendía una amplia zona de huertos y, como supe más tarde, el jardín botánico, en torno a los dos edificios -los baños, y el hospital y herboristería- dispuestos según la curva de la muralla.

Seguidamente os muestro los capítulos donde aparece el monje herbolario hablando con Guillermo sobre algunos tipos de plantas medicinales.

En este capítulo Guillermo de Baskerville y Adso de Melk conocen a Severino, el monje herbolario:

Primer día

HACIA NONA

Donde Guillermo tiene un diálogo muy erudito con Severino el herbolario.

(…) En verano o en primavera, con la variedad de sus hierbas, adornadas cada una con sus flores... Pero incluso en esta estación el ojo del herbolario ve a través de las ramas secas las plantas que crecerán más tarde, y puedo decirte que este huerto es más rico que cualquier herbario, y más multicolor, por bellísimas que sean las miniaturas que este último contenga. Además, también en invierno crecen hierbas buenas, y en el laboratorio tengo otras que he recogido y guardado en frascos.

Así, con las raíces de la acederilla se curan los catarros, y son una decocción de raíces de malvavisco se hacen compresas para las enfermedades de la piel, con el lampazo se cicatrizan los eczemas,
triturando y macerando el rizoma de la bistorta se curan las diarreas y algunas enfermedades de las mujeres, la pimienta es un buen digestivo, la fárfara es buena para la tos, y tenemos buena genciana para la digestión, y orozuz, y enebro para preparar buenas infusiones, y saúco con cuya corteza se prepara una decocción para el hígado, y saponaria, cuyas raíces se maceran en agua fría y son buenas para el catarro, y valeriana, cuyas virtudes sin duda conocéis."

En este segundo capítulo Guillermo y Severino hablan sobre los venenos y conocemos más sobre el laboratorio:

"Segundo día

MAITINES

Donde pocas horas de mística felicidad son interrumpidas por un hecho sumamente sangriento.

-¿Tienes venenos en el laboratorio? -preguntó Guillermo, mientras nos encaminábamos hacia el hospital.
-También los tengo. Pero depende de lo que entiendas por veneno. Hay sustancias que en pequeñas dosis son saludables, y que en dosis excesivas provocan la muerte. Como todo buen herbolario, las poseo y las uso con discreción. En mi huerto cultivo, por ejemplo, la valeriana. Pocas gotas en una infusión de otras hierbas sirven para calmar al corazón que late desordenadamente. Una dosis exagerada provoca entumecimiento y puede matar.

(…) El cuerpo de Venancio, lavado en los baños, había sido transportado allí y yacía sobre la gran mesa del laboratorio de Severino: los alambiques y otros instrumentos de vidrio y loza me hicieron pensar (aunque sólo tuviese una idea indirecta del mismo) en el laboratorio de un alquimista. En una larga estantería fijada a la pared externa se veía un nutrido conjunto de frascos, jarros y vasijas con sustancias de diferentes colores.

-Una hermosa colección de simples -dijo Guillermo-. ¿Todos proceden de vuestro jardín?

-No -dijo Severino-. Muchas sustancias, raras y que no crecen en estas zonas, han ido llegando a lo largo de los años, traídas por monjes de todas partes del mundo. Tengo cosas preciosas y rarísimas, junto con otras sustancias que pueden obtenerse fácilmente en la vegetación de este sitio. Mira…alghalingho pesto, procede de Catay, me la dio un sabio árabe. Aloe sucotrino, procede de las Indias, óptimo cicatrizante. Ariento vivo, resucita a los muertos, mejor dicho, despierta a los que han perdido el sentido. Arsénico: peligrosísimo, un veneno mortal para el que lo ingiere. Borraja, planta buena para los pulmones enfermos. Betónica, buena para las fracturas de la cabeza. Almáciga, detiene los flujos pulmonares y los catarros molestos. Mirra

-¿La de los magos? –pregunté.

-La de los magos, pero aquí sirve para evitar los abortos, y procede de un árbol llamado Balsamodendron myrra. Esta otra es mumia, rarísima, producto de la descomposición de los cadáveres momificados, y sirve para preparar muchos medicamentos casi milagrosos. Mandrágora officinalis, buena para el sueño...

-Y para despertar el deseo de la carne -comentó mi maestro.

-Eso dicen, pero aquí no se la usa de esa manera, como podéis imaginar - sonrió Severino-. Mirad esta otra -dijo cogiendo un frasco-, tucia, milagrosa para los ojos.

-¿Y ésta qué es? -preguntó con mucho interés Guillermo tocando una piedra apoyada en un estante.

-¿Esta? Me la regalaron hace tiempo. La llaman lopris amatiti o lapis ematitis. Parece poseer diversas virtudes terapéuticas, pero aún no las he descubierto. ¿La conocéis?

-Sí -dijo Guillermo-. Pero no como medicina. Extrajo del sayo un cuchillito y lo acercó lentamente a la piedra. Cuando el cuchillito, que su mano desplazaba con mucha delicadeza, estuvo muy cerca de la piedra, vi que la hoja hacía un movimiento brusco, como si Guillermo hubiese perdido el pulso, cosa que no era posible, porque lo tenía muy firme. Y la hoja se adhirió a la piedra con un ruidito metálico.

-¿Ves? -me dijo Guillermo-. Atrae el hierro.

-¿Y para qué sirve?

-Para varias cosas que ya te explicaré. Ahora quisiera saber, Severino, si aquí hay algo capaz de matar a un hombre.

Severino reflexionó un momento, demasiado largo diría yo, dada la nitidez de su respuesta:

-Muchas cosas. Ya te he dicho que el límite entre el veneno y la medicina es bastante tenue, los griegos usaban la misma palabra, pharmacon, para referirse a los dos.

En este siguiente capítulo capítulo se habla sobre un frasco que contiene la sustancia que creen que usaron para impregnar las hojas del libro y envenenar a todo aquel que pase sus hojas con el dedo humedecido en saliva.

Umberto Eco escribió a un amigo biólogo para que le dijese un fármaco con capacidad para absorberse por la piel al tocarlo, al decirle que no conocía ninguno, decide que el pigmento negro en los dedos y ápices de lenguas de los muertos es la sustancia viscosa y amarillenta robada en el hospital de la abadía:

"Cuarto día

LAUDES

Donde Guillermo y Severino examinan el cadáver de Berengario y descubren que tiene negra la lengua, cosa rara en un ahogado. Después hablan de venenos muy dañinos
 y de un robo ocurrido hace años

-El universo de los venenos es tan variado como variados son los misterios de la naturaleza -dijo. Señaló una serie de vasos y frascos que ya habíamos tenido ocasión de admirar, dispuestos en orden, junto a una cantidad de libros, en los anaqueles que estaban adosados a las paredes-. Como ya te he dicho, con muchas de estas hierbas, debidamente preparadas y dosificadas, podrían hacerse bebidas y ungüentos mortales. Ahí tienes: datura stramonium,
belladona, cicuta… pueden provocar somnolencia, excitación, o ambas cosas. Administradas con cautela son excelentes medicamentos, pero en dosis excesivas provocan la muerte.

-¡Pero ninguna de esas sustancias dejaría signos en los dedos!

-Creo que ninguna. Además hay sustancias que sólo son peligrosas cuando se las ingiere, y otras que, por el contrario, actúan a través de la piel. El eléboro blanco puede provocar vómitos a la persona que lo coge para arrancarlo de la tierra. La ditaína y el fresnillo, cuando están en flor, embriagan a los jardineros que los tocan, como si éstos hubiesen bebido vino. El eléboro negro provoca diarreas con sólo tocarlo. Otras plantas producen palpitaciones en el corazón, otras en la cabeza. Hay otras que dejan sin voz.

(…) -Sabes mucho de venenos -observó Guillermo con un tono que parecía de admiración.

Severino lo miró fijo, y sostuvo su mirada durante unos instantes:
-Sé lo que debe saber un médico, un herbolario, una persona que cultiva las ciencias de la salud humana.

(…) Reconozco que tampoco yo lograba imaginarme a Venancio o Berengario dispuestos a comerse o beberse una sustancia misteriosa que alguien les hubiera ofrecido. Pero la rareza de la situación no parecía preocupar a Guillermo.

-En eso ya pensaremos más tarde -dijo-. Ahora quisiera que tratases de recordar algún hecho que quizás aún no has traído a tu memoria, no sé, que alguien te haya hecho preguntas sobre tus hierbas, que alguien tenga fácil acceso al hospital…

-Un momento. Hace mucho tiempo, hablo de años, lo guardaba en uno de estos estantes una sustancia muy poderosa, que me había dado un hermano al regresar de un viaje por países remotos. No supo decirme cuáles eran sus componentes. Sin duda, estaba hecha con hierbas, no todas conocidas. Tenía un aspecto viscoso y amarillento, pero el monje me aconsejó que no la tocara, porque hubiese bastado un leve contacto con mis labios para que me matara en muy poco tiempo. Me dijo que, ingerida incluso en dosis mínimas, provocaba al cabo de media hora una sensación de gran abatimiento, después una lenta parálisis de todos los miembros, y por último la muerte. Me la regaló porque no quería llevarla consigo. La conservé durante mucho tiempo, con la intención de someterla a algún tipo de examen. Pero cierto día hubo una gran tempestad en la meseta. Uno de mis ayudantes, un novicio, había dejado abierta la puerta del hospital, y la borrasca sembró el desorden en el cuarto donde ahora estamos. Frascos quebrados, líquidos derramados por el suelo, hierbas y polvos dispersos. Tardé un día en reordenar mis cosas, y sólo me hice ayudar para barrer los potes y las hierbas irrecuperables. Cuando acabé, vi que faltaba justo el frasco en cuestión. Primero me preocupé, pero después me convencí de que se había roto y se había mezclado con el resto de los desperdicios. Hice lavar bien el suelo del hospital, y los estantes…

(FUENTES: Eco U. El nombre de la rosa. Barcelona: Editorial Lumen; 1985, Eco U. Apostillas a El nombre de la rosa. Barcelona: Editorial Lumen; 1985, Lizarraga, Rafael de Boticas monásticas benedictinas. 1963)

lunes, 14 de marzo de 2016

'Examen de boticarios' de Fray Esteban de Villa



Retomo la senda de las entradas dedicadas a la historia de la farmacia hablando sobre la obra 'Examen de boticarios' de 1632, una de las más antiguas fuentes de formación de los antiguos boticarios escrito por Fray Esteban de Villa, que fue administrador de la botica del Hospital Real de S. Juan de Burgos.
Empieza su obra diciendo que muchos autores escriben sobre medicamentos, pero ninguno hace un libro para que los nuevos boticarios aprendan y se formen mejor.



Divide su obra en tres partes:

A)PRIMERA PARTE: 

En su primer capítulo habla de los libros que ya hay escritos como los antidiotarios, tratados de simples de griegos como Dioscórides y Galeno, árabes como Joannes Mesue y Avicena, y latinos como la Farmacopea del Colegio de Boticarios de Zaragoza (1546) y la Farmacopea del Colegio de Boticarios de Valencia (1603). 

En su segundo capítulo recomienda los libros que deben de tener los boticarios en sus boticas: 

‘De compositionen medicamentorum’ de Nicolao, 'Serapion de simples', ‘Tratado del libro de simples’ de Avicena, 'Cometos' de Mathiolo, y los dos libros de plantas en que Esteban de Villa se basa para la elección de expurgantes en general y su preparación: 'Prefacion de Dioscórides' y los 'Cánones o reglas de Mesue'.




+’De materia médica' de Dioscórides: 
sobre todo se basa en Prefacion, el primer libro sobre las plantas, que trata de la recolección y conservación de las mismas. El boticario necesita saber no sólo de forma teórica, sino también de forma práctica, cómo y cuándo recoger plantas, raíces, flores y frutos para que conserven todas sus propiedades.

+’Los Cánones o Reglas’ de Mesue:
propone unas reglas para la elección de los simples: por la sustancia, el tacto, el olfato, el sabor, el color, el lugar, la vecindad, su número y cantidad.

En otros capítulos, propone unas reglas para la preparación de medicamentos: por decocción, lavación, infusión o leve ebullición, y trituración.
En cada capítulo habla pormenorizadamente de cada una de las reglas que he enumerado anteriormente.


B)SEGUNDA PARTE: habla sobre la elección y conservación de simples y sus preparaciones, también trata la confección de medicamentos compuestos.



C)TERCERA PARTE: habla aquí sobre las pesas y medidas, la actualización de los medicamentos que usaban en esa época los boticarios, y termina con la resolución de dudas planteadas por boticarios en la elaboración de los compuestos más usuales.


Esteban de Villa hace hincapié en la necesidad de formación del boticario y en la importancia de los conocimientos sobre la terapéutica vegetal, básico para el boticario que quiera usar las plantas en las preparaciones medicinales.


(FUENTES:
Mar Rey Bueno, Universidad Complutense de Madrid; ejemplar 'Examen de boticarios' de Fray Esteban Villa (1632) de la Biblioteca de la Real Academia Nacional de Farmacia)

lunes, 19 de octubre de 2015

Una farmacia del S.XIX: Farmacia Eiras Puig en Pontevedra

En el año 1872 abrió sus puertas una farmacia en la Plaza de Las Verduras de la ciudad de Pontevedra que conserva el aspecto de sus inicios, la Farmacia Eiras Puig, llamada así por su fundador Enrique Eiras Puig.

Posteriormente regentaron la farmacia varias personas, entre otros el ex alcalde de Pontevedra, Augusto García Sánchez, y el sobrino de Eiras Puig, Antonio Puig Gaite, que se hizo cargo de la botica hasta 1984.
Hoy en día el titular de esta farmacia es José Luis Domínguez Gómez, adquirida ese mimo año 1984.
En vez de modernizarla decidió preservar el encanto, la estética y el mobiliario que tenía cuando se abrió.
Conservó muchos de los frascos de cristal, albarelos, orzas y envases antiguos de medicamentos que había en la farmacia,usándolos como decoración en las estanterías.
Tuve la oportunidad de charlar con Rogelio,  auxiliar durante más de 35 años en la misma farmacia, y descubrir que estuvieron a punto de deshacerse de todo el mobiliario que finalmente conservaron.


El envase de cristal es de los más antiguos de la farmacia


La entrada de la farmacia conserva las puertas originales y sus cerraduras antiguas.


Al entrar llama mucho la atención la pintura que hay en el centro del techo  y que representa a una mujer semidesnuda acompañada de un grupo de ángeles y motivos florales y en donde puede leerse "Ars cum natura ad salutem conspirans" (El arte colaborando con la naturaleza en pro de la salud).




El suelo de la entrada es el azulejo original; el mostrador de madera y mármol; una balaustrada de madera que delimita la zona donde llegan los pacientes y la zona donde el farmacéutico dispensa los medicamentos. Justo ahí, el suelo es de madera y se encuentra otra mesa de similar estilo, en el medio de la farmacia.

Las estanterías, pintadas en colores claros, cubren todas las paredes de la farmacia y están repletas de los frascos, albarelos, orzas y envases antiguos de medicamentos.


                                                                                               
 




Pesas, morteros, termómetros, una báscula y otros instrumentos para elaborar las fórmulas magistrales llenan los rincones de esta botica. Entre los albarelos y tarros, nos encontramos con medicamentos que van desde principios de siglo XX hasta finales del mismo.




Me contaban amablemente Jose Luis y Rogelio que antiguamente todo el trabajo del farmacéutico se llevaba a cabo en la rebotica, preparando toda clase de medicamentos: pomadas, ungüentos, elixires o jarabes, razón por la cual la rebotica era mucho más grande que la que se conservaba ahora tras las obras que hubo en el inmueble.

Como curiosidad, añadir, que en esta farmacia en el año 1982, se grabaron en su interior algunas de las escenas de la serie televisiva "Los gozos y las sombras", y años más tarde se filmó un cortometraje sobre Castelao.


(FUENTES:  José Luis Domínguez Gómez y Patrimonio Galego)